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Damián Alcázar
Máximo ganador de arieles, siete, protagoniza Chicogrande
Publicada en la Revista no. 113 el 21 de mayo 2010
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Por José Antonio Fernández Fernández

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.

Damián Alcázar es el protagonista de la película La Ley de Herodes, uno de los 10 largometrajes más importantes del cine mexicano, por el que recibió el Ariel por Mejor Actor.
Su personaje y la película, dirigida por Luis Estrada, fueron tan poderosos que sin duda influyeron en alguna medida para que en el 2000 el PRI sufriera la derrota electoral que lo tiene desde entonces fuera de Los Pinos.

En este 2010 el público podrá verlo en varias películas (es un artista muy activo). Aparece en Infierno, de Luis Estrada, un drama de humor negro que continúa la historia narrada por La Ley de Herodes y Un mundo maravilloso. Y también estrena una cinta en la que interpreta a un héroe mexicano que salva a Pancho Villa de la venganza de los gringos: Chicogrande, una epopeya bien producida realizada en forma brillante y poderosa por Felipe Cazals.

Alcázar ha interpretado en varias ocasiones a ese personaje que parece que no mata una mosca pero que a la hora de la verdad es capaz de armar toda una revolución.

Es el actor que ha ganado más arieles. Ha obtenido siete en total:
• 2007, Mejor actor por Crónicas, de Sebastián Cordero.
• 2006, Mejor actor por Las Vueltas del citrillo, de Felipe Cazals.
• 2003, Mejor coactuación masculina por El crimen del Padre Amaro, de Carlos Carrera.
• 2000, Mejor actor, por La Ley de Herodes, de Luis estrada.
• 1999, Mejor Actor por Bajo California, el límite del tiempo, de Carlos Bolado.
• 1996, Mejor coactuación masculina, por El anzuelo de Ernesto Rimoch.
• 1994, Mejor coactuación masculina por Lolo, de Francisco Athié.

José Antonio Fernández: ¿Eres de Michoacán?
Damián Alcázar:
Nací en Michoacán. A los tres meses de nacido me llevaron a Guadalajara, de ahí son los hermanos que me siguen, y después nos cambiamos a la Ciudad de México. Viví también en Tlaxcala.
A los 28 años me fui a radicar a Veracruz, lugar en el que viví por más de 25 años. Estuve en Jalapa y en el Puerto. Como Agustín Lara, soy jarocho por adopción.

José Antonio Fernández: ¿Cómo se da ese click que te convierte en actor?
Damián Alcázar:
Pertenezco a una generación que vio mucho cine en la infancia.
Cuando yo era niño, ir al cine de barrio era muy barato, como debería ser hoy el cine. Vi muchísimo cine. Sé que vi mi primera película cuando tenía apenas dos años y medio, justamente en
Guadalajara. Fue en una parroquia. Yo estaba ahí porque acompañaba al catecismo a mis hermanos mayores. El sacerdote les proyectaba películas los sábados. La pantalla era una pared blanca. Tengo la escena en la memoria. Recuerdo imágenes completas. Creo que esa primera película que vi fue el western El águila Negra.
Sin duda en la niñez se me anidó el gusanito del cine, de las historias, de estar en la pantalla.

José Antonio Fernández: Podrías haber sido productor, guionista o director, ¿por qué te decides por la actuación?
Damián Alcázar:
Realmente no sé porque me decidí por la actuación. No te puedo responder esa pregunta con certeza.
Hace tiempo leí un libro de un gringo en el que habla de forma psicológica del productor, el director y el actor. Analiza los tres rubros de la creatividad en el cine y el teatro. Dice que el actor no tiene conformada totalmente su tercera infancia, por lo que se anda buscando permanentemente en los papeles que le llegan.
Aunque esa explicación me parece un tanto absurda, te puedo decir que me da un placer enorme el poder estar en la situación de seres humanos totalmente diferentes de distintas épocas, vivir sus circunstancias y comprender desde otras perspectivas este complejo asunto que es la vida.
No sé si conseguiría lo mismo como guionista, productor o director.

José Antonio Fernández: Sé que es un gran privilegio el ser actor y representar a personajes diversos, todos importantes, como el personaje de la película Chicogrande, en el que eres el héroe que hace todo para que los gringos no atrapen a Pancho Villa.
Damián Alcázar:
La ficción permite hacer y dar absolutamente todo.
Convertir en verdad la ficción, es muy difícil porque necesitas ser muy convincente. En la ficción te comportas hasta las últimas consecuencias. Te mueres por amor o matas por amor.
A diferencia de la realidad, la ficción te lleva a amar con locura, con todo, y eso es un plus para los seres humanos que no hemos conseguido hacer gran cosa en la vida.

José Antonio Fernández: Me decía el actor Joaquín Cosío que el actor debe ser verdadero. Si no lo es, me dijo en entrevista, no convence.
¿Cómo un actor consigue convencer?
Damián Alcázar:
No es algo que se dé en automático. Tienes que entrar al personaje que vas a interpretar, comprenderlo con sus circunstancias, su marco histórico y su interrelación con los demás. Ya que lo estudiaste y lo tienes, no puedes dudar que el personaje dice lo que siente y actúa en consecuencia.
Te lo digo de otra forma. Hay gente que me ha dicho: al ser actor, tú puedes engañar fácilmente. Y no, no es así.
Ser actor no quiere decir ser mentiroso. Yo no puedo decir mentiras. En la vida real no puedo fingir, y al actuar tampoco puedo fingir. El actor vive una realidad imaginaria que en el mejor de los casos se convierte en una manifestación estética, en la que vive a pie juntillas la verdad que le está tocando.
Ser actor es un acto de conciencia, de voluntad, pero sobre todo es producto del análisis.

José Antonio Fernández: Te pido me expliques esa frase que he escuchado de varios actores: "me meto en el personaje".
Damián Alcázar:
Los términos, las frases, siempre son aproximativas. Esta frase: "me meto en el personaje", es muy buena porque lo contiene todo.
Actuar es un trabajo que pertenece al mundo de la imaginación, y la frase "me meto en el personaje" tiene mucho de magia, que es lo que se da en el escenario. Yo creo que meterse en el personaje es cuestión de trabajo. Si flojeas, no consigues entrar al personaje.
Si trabajas dos horas diarias en un proyecto que vas a estrenar dentro de dos meses, te puedo decir que no trabajaste. Si trabajas ocho horas o más al día, entonces tienes mucho más para meterte al personaje y lo harás con complejidad, con voluntad, con energía, con sentimientos, con deseos.
El objetivo como actor es darle vida a un personaje que no existe y lograr que la gente lo vea, con su propio ritmo, su propia forma de mirar, de pensar, de actuar y de reaccionar.
Todo esto que te digo es una de las teorías de la actuación, la vivencial. Hay otra que es la formal, la practican actores que dicen que todo lo fingen, que no necesitan sentir nada para estar en el escenario representando a un personaje. Dicen que todo lo logran con actitudes y tonos de voz.

José Antonio Fernández: ¿Explícame cómo se dan esas 8 horas de trabajo diario como actor antes de empezar a filmar una película?
Damián Alcázar:
Te pongo como ejemplo al personaje que estoy trabajando ahora para una miniserie (para televisión), que vamos a empezar a rodar en unas semanas más.
Mi personaje es un exguerrillero mexicano que se fue a pelear a El Salvador, después a Angola y a otros lugares más.
Es una miniserie de Epigmenio Ibarra, de Argos. Claro, ¿quién más la produciría para televisión?
Al día de hoy todavía no recibo los libretos pero yo ya estoy trabajando. Estoy leyendo La terquedad del Izote (Carlos Henríquez Consalvi), que es un libro que cuenta la historia de Radio Venceremos, la estación de radio clandestina de los insurgentes salvadoreños (del FMLN). También leo Utopía de Tomás Moro y a Salvador Castañeda, como cabecera de mi preparación.
Cuando me lleguen los libretos voy a revisar lo que dice mi personaje, que lo están estructurando ellos. Luego de leerlos voy a participar activamente en su restructuración para hacerlo complejo. Todo esto que te estoy platicando a tí no lo he hablado con Epigmenio Ibarra ni con nadie de Argos, pero ellos saben que me estoy preparando. Y si yo ya sé que voy a ser un hombre utópico que se fue a luchar con la esperanza de la justicia arriesgando su vida, tengo la obligación de tratar de conocerlo a fondo.
Mientras mejor estudie y conozca a mi personaje, haré un personaje más activo que aporte y pida reacciones de la audiencia, del público.

José Antonio Fernández: ¿Cómo se da tu relación con los directores que quieren tomar ellos la decisión final sobre los personajes?
Damián Alcázar:
Mientras yo no cambie o modifique los objetivos de un personaje y de la historia, nadie tiene de qué preocuparse. Respetando esos objetivos, como actor tengo un amplio margen de libertad creativa.
Te lo explico así: si a mí en una escena se me indica que debo caminar de aquí al poste, yo respeto el recorrido. El trazo está marcado y debo seguirlo con precisión porque la cámara en cine es exacta en sus movimientos y sus focos, y sé que si yo me muevo de más me salgo de cuadro, de pantalla.
Ahora bien, en ese trayecto yo puedo hacer todo lo que se me ocurra para enriquecer a mi personaje. Y nadie puede intervenir, porque quien decide qué queda en pantalla es el actor. Es quien siente qué hace, cómo lo hace, cómo mira. Si hay sonrisa o no. Si a mí un director me dice que no sonría, yo puedo ir por dentro tan feliz que los espectadores van a captar que sí sonrío.
Un buen director no va a limitar mi libertad creativa. En lo absoluto. Él sabe que cuenta con mi apoyo y que yo soy su colaborador.
Solamente los directores tercos, obtusos, malos y mediocres son capaces de decir: no, no quiero que hagas eso, sólo haz lo que te pido y no más.

José Antonio Fernández: ¿Te has topado con ese tipo de directores?
Damián Alcazar:
Un par de veces con estudiantes de cine, a quienes me vi obligado a decirles: si me llamas a mí, es porque confías en mí. Te pido pongas atención a lo que estoy haciendo y después decide. No te cierres a hacer tu santa voluntad. Aquí estás creando algo que está vivo y que por lo tanto tiene que ser orgánico. Si es cuadrado y chato, no haremos nada interesante.

José Antonio Fernández: Eres el actor que más premios Ariel ha gando en la historia de México. ¿Estoy en lo correcto?
¿Pesa sobre tí el haber sido premiado en tantas ocasiones con el premio más importante de nuestra cinmeatografía?
Damián Alcazar:
Sí lo soy, pero eso no significa nada.

José Antonio Fernández: Entiendo tu modestia pero difiero de lo que dices. El Ariel es un premio de primera importancia al que pienso cada vez debe revalorarse más.
Considero que has ganado varias veces el Ariel porque consigues que tus personajes se vuelvan grandotes en escena, como ahora es el caso de la película Chicogrande de Cazals, por la que anticipo tendrás que ser nominado de nueva cuenta.
Dámian Alcazar:
Primero aclaro que respeto y aprecio al Ariel. Cuando te digo la frase que haber ganado varios arieles no significa nada, me refiero a lo que pienso de mi trabajo diario. Es decir, estaría yo jodido si llegara al set diciendo: "aquí ya llegó el ganador de 7 arieles, ¡háganse para allá!".
El Ariel premia lo que hiciste, el pasado, no lo que vas a hacer, no el futuro. Hay que ser muy consciente de ello.
Por supuesto, hoy yo sí siento una responsabilidad muy grande con cada proyecto nuevo en el que, sin duda, debo elevar mi nivel y dar siempre más.
A mis compañeros actores sí les puedo decir que el Ariel es el mayor premio que se puede obtener en el cine nacional. Ya si son justos o no los premios, es otro asunto.
Yo siempre pienso que las películas son un proyecto en conjunto. Cuando me dicen que me robé la película por una actuación, respondo que no es así, porque yo no existiría en escena sin el trabajo de todos, y lo digo en serio. Cada vez que participo en una película busco enriquecerla.
Te pongo un ejemplo: en mi personaje de El Crimen del Padre Amaro yo debía dimensionarlo. Representa a la única parte de la Iglesia Católica que a mí me interesa, por su entrega verdadera, su ayuda sincera a los necesitados y su trabajo por tratar de organizarlos. Cuando me llegó el libreto, estas características de ese sacerdote no se decían en la historia, sólo se implicaban, pero son las características que lo hacen diferente y le dan fuerza.
Entendía que no se estaba contando la historia de mi personaje, sino la del Padre Amaro, pero aún así busqué que cada una de las frases que diría mi personaje tuviera un sentido, mucho más allá del literal, y entonces quedó definido, diferenciado y juega un papel dentro de la historia, aunque su intervención no sea la principal.

José Antonio Fernández: ¿Dame otro ejemplo?
Damián Alcazar:
En Crónicas de Narnia, cuando recibí el libreto mi personaje era un malo,
pero yo lo propuse como un personaje que se ve tentado por el poder. El director estaba feliz con mi trabajo, apoyó la transformación.
Cuando como actor tocas el personaje, le das esa complejidad que está mucho más cerca de lo real.

José Antonio Fernández: Mantienes una muy buena relación con el cine, ¿viste desde tus inicios que así sería?
Damián Alcázar:
Creo que todo depende del paso que das como actor. Quien decide dar una paso hacia la comercialización, hacia allá se va. Yo no he
querido hacerlo. Cuando lo he hecho ha sido por circunstancias ajenas a mis convicciones y entonces reculo y digo: no quiero eso, no quiero ser famoso.No voy por ahí. No quiero hacerme rico gracias a mi manejo de imagen. No, no, ¡no!.
Lo que quiero es ser un muy buen actor y ojalá lo consiga en 20 años. Me voy a esforzar, mis trabajos deben estar tan bien hechos que deben provocar que productores y directores quieran volverme a invitar a participar con ellos.

José Antonio Fernández: ¿Crees que ser un gran actor está peleado con la línea comercial?
Damián Alcázar:
El actor que se mete en la línea comercial tiene que conceder y hacer personajes chatos. Debe ceder ante la presión de las inconsistencias de la estrellita que está siendo protegida, o del productor que quiere vender su producto sin importarle el contenido y la calidad, porque hay que trabajar muy rápido. O debe ceder ante el actor que es amigo del productor.
Todo esto que te digo impide que alguien que pudo ser un gran actor consiga serlo en escena.
Si aceptas estar en esas producciones comerciales, cobras bien y ves tu nombre aparecer en esas realizaciones que alcanzan cierta fama momentánea, pero pierdes como creador.
Cuando aceptas entrar al circuito comercial por dinero, la siguiente vez siempre te pagan más que la anterior, y entonces es cuando te vendes y lo demás ya no te importa. Cuando entras a esa dinámica tu conciencia histórica desaparece. Te vas por la libre, ves que es relativamente fácil hacerte rico y famoso y aprendes a armar escandalitos para continuar en el calendero y te metes a una maquinaria que no tiene sentido, en la que la gente se desgasta y se pierde.
Además, si te metes en los proyectos comerciales y aceptas todas sus condiciones, como actor adquieres vicios, te vuelves naturalito.

José Antonio Fernández: Si mañana aceptaras hacer un papel, de bueno o de malo, en una telenovela de horario estelar de Televisa con Lucero, ¿qué tendrías que hacer para que al término de la grabación te sintieras orgulloso de tu interpretación, de tu personaje?
Damián Alcázar:
Primero haría voltear a mi personaje hacia la realidad y atraer hacia él las ideas y las convicciones que tendría ese personaje. Lo he hecho, sin irme hasta Lucerito (lo que creo será imposible; ellos no me contratarán).
Con Argos, con Epigmenio Ibarra, trabajé para una telenovela que se llamó Todo por amor. Hacía un maloso que comandaba un grupo de robacoches que se mete al narco. Era un matón. De sus antecedentes surgió que era un halcón, esos matones entrenados y pagados por el gobierno. En una escena el jefe de la policía le dice que está involucrado en una matanza. Ahí mi personaje toma fuerza por el diálogo que sostiene con el jefe de la policía. Cuando el jefe lo acusa, le responde: "ahí estuve, igual que tú, cumpliendo órdenes. ¿Tú eres el que cumple con la ley? ¿Cómo? Si también matas campesinos y líderes estudiantiles. Tú tienes un arma y yo también".
Ese diálogo transformó a mi personaje, de ser un matón cualquiera cobró todo un sentido. Y entonces es cuando el público participa activamente, reacciona.

José Antonio Fernández: ¿Todo esto que me cuentas no estaba en el guión de Todo por amor?
Damián Alcázar:
No estaba. Busqué agregarlo para nutrir el personaje.
Si yo apareciera de malo con Lucerito, intentaría primero responderme a la pregunta: ¿por qué soy malo, por qué se es malo?
Yo creo que todos estos señores que se juntan con el narco y los grupos delictivos no son malos, me parece muy simplona esa explicación.
Yo veo estos casos desde la siguiente perspectiva, y para explicarme te cuento una historia de dos muchcachitos que viven en un lugar muy apartado de San Luis Potosí, en un lugar jodido, como hay muchos en México. Por ahí un día pasa el ejército y le ofrece a uno de los muchachos trabajo.
Se lo lleva con un sueldo. Le dan un arma y su...

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publicadas en exclusiva por Canal100.com.mx

Por ahí un día pasa el Ejército y le ofrece a uno de los muchachos trabajo. Se lo lleva con un sueldo y su Seguro Social. Le dan un arma y lo mandan a matar o lo envían a cuidar a alguien.

Y al otro muchachito, del mismo pueblo, un día pasa el narco y le da un arma y le paga un sueldo mayor. Y le manda matar o lo envía a cuidar a alguien, por quien en un momento dado tendrá que matar.

Ni uno es malo ni el otro bueno. Esos muchachitos, los dos, se enrolan por necesidad.

Aclaro: yo no digo que los grandes capos hagan su trabajo por hambre, incluso algunos seguramente son de la burguesía. Pero el gran ejército que tienen ambos lados, es de la pobreza infame en
la que viven millones en este país.

Volviendo a tu pregunta: si interpreto a un malo en escena, debo entender por qué es malo, de dónde viene su maldad, qué le pasó en su historia de vida. Si sus problemas son de miseria de origen o si vienen de asuntos psicológicos, porque fue golpeado, maltratado o porque sufrió abuso. O en una de esas no es tan malo. Si todas estas suposiciones de las que hablo no tienen cabida en el personaje malo o bueno que voy a interpretar, entonces que lo haga otro.

José Antonio Fernández: ¿Por qué buscas hacer siempre complejos a tus personajes? Es tu constante.
Damián Alcázar:
Porque al hacerlos complejos los hago seres humanos y entonces todo cambia. Hoy no me cabe la menor duda que para mí no tendría sentido hacerlo de otra forma.

Vi hace poco un programa que se llama Guerra de Chistes, y te lo digo así: ¡guácala! No sé si lo producen por fama, por dinero o por qué. Lo que si veo es que la dignidad humana se ve pisoteada, y yo no voy a contribuir a eso de ninguna manera.

José Antonio Fernández: Tú has tenido una muy buena relación con el cine, ¿cómo es tu relación con la televisión?
Damián Alcázar:
En el cine he tratado con personas que son creadores y que buscan contar historias que retraten la cotidianidad de la gente, lo que le sucede. En cambio, en televisión normalmente no pasa así. En televisión se dan los buenos y los malos, la mujer abnegada y la malvada.
Los buenos son puros. Es por eso que la televisión la he evitado. Con Argos me gusta porque llevan director y piensan que el público es inteligente. Aunque me paguen menos, me gusta trabajar con Argos.

Lo que sí sé, es que si no tienes nada que decir, mejor te quedas calladito.
Lo mismo creo de los programas de televisión: si se trata de producir algo para que la gente piense en otra cosa y no en su realidad, prefiero no entrar a ese proyecto.

Por eso he hecho pocas cosas en televisión.

Agrego lo siguiente: las autoridades apoyan esa televisión porque les conviene que sea así.

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1. Para proyectar una película, los distribuidores y exhibidores se rigen por sus criterios de rentabilidad, no de calidad.

2. Como actor, me gusta hacer películas con las que la gente se divierta, sin duda. Quiero que el público se emocione y se divierta, pero, sobretodo, quiero que piense. Si no es así, ¿para qué?

3. Hoy una película mexicana pobre cuesta 40 millones de pesos, y no creo que hoy alguien me dé 40 millones de pesos para producir una historia sobre la pobreza en México.

4. El Art. 226 ha servido también para que se filme en México un cine que no moleste, que no cuestione, que sea más divertido y bonito más que reflexivo y de fondo.

5. Si se hace la vida de Vicente Fox en el cine, habría que poner en pantalla el por qué hizo o no algo, por qué tomó posturas para un lado o para otro, qué le llevó a tomar sus decisiones. Eso es lo que sería interesante saber, no su vida privada. Pero si su vida privada influyó en sus decisiones como Presidente, entonces debe aparecer en pantalla.

6. Es muy posible que en algunas personas la película La Ley de Herodes haya influido en su decisión de voto en el 2000.

7. Cuando se iba a estrenar La Ley de Herodes, yo estaba en el Festival de Cine Francés de Acapulco. Antes del estreno, platicábamos un grupo de amigos en la alberca del hotel cuando se me acercó el director del Festival, un francés. Me dijo: oiga, viene de México el señor Amerena, director de Imcine, para informar que su película, La Ley de Herodes, no se exhibirá en el Festival.

De inmediato me dije: es, sin duda, un acto de censura. Hablé con Luis Estrada, el director, y me dijo que le habían llamado para decirle que La Ley de Herodes no se exhibiría.

Como sé que soy temperamental, escribí una nota para ordenar mis ideas.

La noche en la que se presentó la programación del Festival de Cine Francés ante el público en el teatro Juan Ruíz de Alarcón de Acapulco, La Ley de Herodes efectivamente había quedado fuera del programa. Yo estaba en la sala. Se hizo la ceremonia de inauguración. Cuando iba a iniciar la proyección de la primera película, con el teatro lleno, yo tomé el micrófono y le dije al público presente que yo no tenía la menor idea de por qué habían sacado del programa La Ley de Herodes, lo que me parecía un acto de censura. Dije que la película era muy divertida, muy divertida y muy divertida y que exigía que se proyectara la Ley de Herodes. Que el Presidente Zedillo hablaba de libertad de expresión, y que en pleno año 2000 no podíamos aceptar la censura. Entraron dos señores de traje al escenario, me cargaron y me sacaron. En ese mismo momento Victoria Abril les traducía a los franceses mi breve discurso. Los franceses ahí presentes empezaron a gritar: ¡liberté, liberté, liberté! Y entonces el público empezó a gritar: ¡libertad, libertad, libertad! Fue muy emocionante ver lo que sucedía. Fue todo un escándalo en la sala y en la prensa. Al otro día se exhibió La Ley de Herodes.

8. Eduardo Amerena, quien era director de Imcine cuando se produjo y exhibió la Ley de Herodes, me dijo: ya vi su película, está muy buena.
Supongo que después de lo que me dijo alguien le reprochó que hubiera apoyado su filmación, seguramente Tovar y de Teresa, e intentó detener su proyección.

Aclaro que quienes hicimos La Ley de Herodes, no somos culpables de lo que vino después.

9. Ya me pasé de edad para interpretar a Tin Tán.

10. Nadie va a poner el dinero para levantar un proyecto de Zapata, Madero o el Subcomandante Marcos.

11. Me gusta interpretar los personajes que están basados en el pícaro de la novela española, el Sancho Panza, porque son los que ven la historia con los pies en la tierra. Son los que ven y pueden decir. Es el caso de Chicogrande. Los otros personajes ven la historia desde una perspectiva muy alta o de plano de muy abajo, y en esos dos casos se distorsiona la mirada.

12. Chicogrande es una historia basada en hechos reales. Nace del cuento de Ricardo Garibay y del profundo amor que le tiene Felipe Cazals a su país, que es México. Cazals tiene un conocimiento profundo del mexicano y sabe de la añoranza que tiene el mexicano por construir un país.

13. Chicogrande es un hombre que da la vida por su General. La da porque mataron a su familia y cuando llegó Villa le protegió, le dio el dinero que nunca había visto y le dio motivos para la lucha. Busqué como siempre hacer mi personaje complejo.

14. Pienso que la Academia debe reconsiderar el dar nuevamente el premio a la Revelación masculina y femenina y, cuando sea el caso, al actor infantil. Sería muy importante que lo hicieran.

15. Soy muy relajado y coopero todo el tiempo en mi trabajo como actor. He participado en diez óperas primas.

16. Quiero de un director que sepa que soy su cómplice. Pido que sea claro y que considere que voy a hacer lo que él me diga y también lo que yo creo que debo de hacer.

17. Al guionista le pido que considere que su obra la terminó cuando escribió el punto final. Hay muchos que se cierran, y no va por ahí.
Cuando alguien tiene calidad, el guión en escena fluye. Si se atora, pues hay que apoyarlo para que se enriquezca y no pierda la intención original.
Deben abrirse para que la historia se enriquezca.

18. Soy muy intolerante con la flojera, con compañeros actores perezosos.
Como empecé tarde en mi preparación como actor, siempre he querido recuperar el tiempo. Difícilmente tolero a los perezosos.

19. Le he dado mucha importancia a mi preparación académica, porque mientras más estudias y más trabajas te saldrán mejor las cosas. Es la constante.

20. Trabajar con Felipe Cazals es una clase magistral de cómo se hace cine.

21. Contratar a Damián Alcázar no es caro, es uno de mis errores. No hago cosas por dinero, tampoco comerciales. Sólo acepto los papeles que me gustan.

22. Les digo que no a las películas que no tiene sentido hacer, o a las películas gringas, como la de Denzel Washington, en las que aparecen héroes gringos que matan mexicanitos malos.

23. Descubrí el teatro en una escuela del Seguro Social, del IMSS.

24. Como actor he tenido cuatro maestros.

El primero, el del Seguro Social, me enseñó que como actor lo tenemos todo. Imaginación, sensibilidad, energía, voluntad, sentimientos, emociones e ideas están dentro del actor y ese es el mundo con el que un actor se expresa, se manifiesta.

El segundo, Zermeño, que me llevó a la Universidad Veracruzana, me enseñó que si no trabajas diario, simplemente no sirve.

El tercero, Luis de Tavira, me enseñó que si pasas a escena y sales igual, perdiste tu tiempo y se lo hiciste perder a la audiencia, al público. Es decir, si no te va la vida en esto, mejor no lo hagas. Al salir a escena debes aprender siempre algo. Dicho de otra forma: si quieres ir a Argentina y tomas un avión a Inglaterra, pues ¿adónde quieres ir?

El cuarto, Ludvik Margules, un gran maestro que desafortunadamente se nos murió hace muy poco tiempo, me enseñó lo siguiente: ¡no, no es cierto, no sirve, es una mierda! Esto quiere decir: me enseñó que nunca estás bien y que siempre podrías estar mejor, y que si un día crees que así estás bien, andas mal.

 

 



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