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Adela Micha
Me interesa tocar a la gente, que quienes nos ven sientan
Publicada en la Revista no. 58 el 15 de abril 2001
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Por José Antonio Fernández F.

Adela Micha es, hoy por hoy, la periodista más importante y con mayor desarrollo de Televisa. Con su programa Mujeres Trabajando, que empezó con discresión en el canal Eco, ha iniciado una revolución de estilos y contenidos en Televisa. Es la primera figura femenina que destaca como número uno en años dentro del área de noticias de ese consorcio, área que siempre había sido dominada por hombres (las mujeres ocupaban el segundo puesto). Adela Micha, con estilo suave, ha encontrado la fórmula para que la gente converse en televisión. Sabe crear el ambiente. Su trabajo es absolutamente original. Nunca antes alguien había abierto un espacio en la televisión mexicana para que la gente contara la vida como la siente y la vive, sin amarillismos ni vulgaridades.
Las mesas redondas y los programas de opinión de nuestra televisión siempre han estado cargados de razones y los que en ellos participan son o se vuelven analistas que intentan dar la respuesta más inteligente. Y los conductores dan y quitan la palabra intentando llegar a algún lado. Hacen su trabajo. Foros de opinión de alto nivel han producido el Bachiller Gálvez y Fuentes, Jorge Saldaña, Jacobo Zabludovsky, Ricardo Rocha, Rolando Cordera, Héctor Aguilar Camín, Javier Solórzano, Carmen Aristegui, Ciro Gómez Leyva, Denise Maerker, María Victoria Llamas...
Pero el caso de Adela Micha es totalmente distinto. Con Adela Micha la gente no busca respuestas inteligentes ni se averguenza de lo que es, son mujeres que en un estudio de televisión encuentran un ambiente de conversación en el que pueden hablar y ser escuchadas, y van diciendo lo que piensan y sienten. La atmósfera es cálida. Suena fácil, pero es la primera vez que sucede en la historia de la televisión mexicana.


José Antonio Fernández: ¿Llegas a la televisión o la televisión a tí?
Adela Micha:
Mi encuentro con la televisión y el periodismo fue casual.
Cuando salí de la preparatoria estuve un año fuera del país. Un grupo de amigos de la prepa nos organizamos para ir a Europa. Yo tenía poco dinero y me fui a Israel en donde viví unos 5 meses en un kibut en el que trabajaba. Junté dinero y anduve rolando por Europa varios meses. Regresé a México y mi intención era estudiar en la Escuela Libre de Derecho, pero la carrera la abrían cada dos años. Mi madre me dijo que no permitiría que estuviera un año más sin hacer nada. Entonces entré a la carrera de Comunicación que era la de moda (en la Universidad del Nuevo Mundo). En el segundo semestre nos pidieron hacer unas prácticas de televisión. Un fin de semana fui al Museo Tamayo a ver una exposición y ahí estaba gente de Televisa grabando. Me acerqué al productor (Rubén San José) y le dije que si me daba chance de hacer unas prácticas en Televisa. Me respondió que sí. Fui a verlo, me costó un poco de trabajo localizarlo, pero finalmente hablé con él y me dio acceso a Televisa.


J.A.F.: ¿Querías entrar a Televisa?
A.M.:
No, no estaba buscando específicamente entrar. Yo sólo quería, en ese momento, hacer la tarea.

J.A.F.: ¿Te cuestionabas el hacerla en Televisa o en otro lado? (Era una época en la que Televisa era muy cuestionada).
A.M.:
No, tampoco, ni siquiera me lo cuestionaba ni tenía la intención de quedarme, pero desde que entré sentí que esto era lo mío.

J.A.F.: ¿Por qué?
A.M.:
Sentí la vibra y me puse a trabajar inmediatamente con Rubén San José en el programa México en la Cultura. Yo era asistente-asistente del asistente. Supe que el lugar me gustaba. Y todo se fue dando. Fui afortunada porque a los días de estar aquí (en Televisa), el licenciado Jacobo Zabludovsky me detuvo en uno de los pasillos y me dijo: oye niña, ¿y tú quien eres? Recuerdo que era un jueves. Conversamos un momento. Me preguntó si me interesaba participar como conductora en un noticiero nuevo de gente joven. Le respondí medio titubeando que sí me interesaba, y me invitó para que fuera al día siguiente a un casting. Había mucha gente que hoy es conocida, salimos muy tarde. El domingo por la noche me llamaron para felicitarme y me avisaron que iría al aire el lunes, que era el día siguiente. Yo dije: ¿qué?

J.A.F.: ¿Alguien de tu familia había trabajado en la televisión o el medio artístico?
A.M.:
Mi mayor acercamiento, antes de que eso sucediera, es que yo era una fánatica y devota admiradora de Carlos Ancira a quien fui a ver muchísimas veces al teatro... pero muchas veces. Él me veía desde el escenario y creo que le causaba gracia, cierta ternura y simpatía. Me sentaba siempre en la primera fila, ya me conocía. Cuando asistía a sus obras, al final de la función siempre me invitaba al escenario y yo agradecía junto con él los aplausos del público. Una vez me invitó a cenar junto con mis hermanos y mi mamá, fui la mujer más feliz del mundo.

J.A.F.: ¿Tienes una piel sensible?
A.M.:
... sí, sí soy muy sensible.

J.A.F.: ¿Cómo manejar la sensibilidad en televisión, un medio que en muchas ocasiones es muy frío, en el que a veces lo que se dice se mide con una regla de cálculo?
A.M.:
Sin sensibilidad no se puede trabajar en televisión. Sí es un medio frío, sobre todo en el área de noticias, porque uno de los elementos a manejar es la objetividad. Pero yo creo que el día en que me deje de sorprender y asombrar una noticia, ese día debo retirarme de la televisión. A la hora de transmitir la noticia yo la siento. Esto es una pasión, no lo entiendo de otra manera. Es un trabajo muy difícil y exigente, de 24 horas al día los 365 días al año.


J.A.F.: ¿Hace cuánto tiempo hiciste ese primer noticiero?
A.M.:
Fue el noticiero 6 en punto. Salimos al aire hace 15 años, terminó con el terremoto del 85. Fue un semillero generoso. Ahí conocí a Flor Berenguer y a Ana María Lomelí. En ese noticiero aprendí a hacer de todo: redacción, edición, musicalización y, por supuesto, a realizar reportajes. Descubrí lo que es este mundo de las noticias por televisión. Mi jefe era Horacio G. Velasco, que ya murió. Un hombre muy culto que en cada junta algo nos enseñaba. Aprendí que para estar en esto hay que tener disciplina, entrega y compromiso.

J.A.F.: Muchos hablan de disciplina. ¿Qué es para tí?
A.M.:
Es aplicarte en algo, comprometerte y entregarte con pasión. Es estar con trabajo, horario, organización y método. Y creo que la disciplina no es exclusiva de este oficio, sino de todo lo que hagas en la vida. Yo debo agradecer a ese noticiero, a Horacio G. Velasco y a mi madre, que fue la primera que me enseñó lo que es la disciplina. Desde niña sabía que tenía que hacer bien mis tareas, entregarlas a tiempo y estudiar. La disciplina me ha ayudado muchísimo.

J.A.F.: ¿Cuál es el compromiso?
J.S.:
Te comprometes con algo y con alguien. Mi compromiso es con mi trabajo, le doy todo lo que me pide, y con el público, a quien también le doy todo lo que me pide. Una vez que se adquiere un compromiso hay que fortalecerlo.

J.A.F.: Tienes hoy un estilo periodístico que ya es identificable. ¿En qué momento de estos quince años sientes que hizo click, que te sentiste tú misma?
A.M.:
Hasta hace muy pocos años yo hacía en Televisa lo que querían que yo hiciera. Hasta que de pronto me dieron la oportunidad de hacer lo que yo quería.


J.A.F.: ¿Cuándo fue eso?
A.M.:
Soy una mujer bastante azotada. Hace unos tres años yo viví una depresión importante porque tenía un gran nivel de frustación. Como te he dicho, siempre he adorado lo que hago y le he puesto toda la pasión y la dedicación, pero de pronto ya no me estaba gustando lo que hacía. Yo sabía que tenía que tomar decisiones importantes en mi vida profesional. Mi bebé tenía días de nacida y vi que los costos que estaba pagando por el tiempo que dedicaba a mi profesión eran muy altos. Y cuando te gusta lo que haces no importa que los costos sean altos porque valen lo que cuestan, pero cuando ya no te sientes satisfecha entonces las cosas cambian. Pensaba, quizás, en hacer un paréntesis en mi vida. Propuse el programa Somos o nos hacemos, que me gustaba porque era un espacio dedicado a un sólo tema, algo que en la televisión es poco común. Me entusiasmó. Empecé a producir lo que yo quería. Hicimos más de 200 programas. Les dedicaba toda la semana. A mí me gusta producir, cuidar el contenido y buscar elementos que enriquecen la pantalla que igual pueden ser la música, los gestos, ciertas imágenes, los textos del guión...


J.A.F.: ¿A quién le propusiste el programa Mujeres trabajando?
A.M.:
A Leonardo Kourchenko, mi jefe.

J.A.F.: ¿Cómo se te ocurre Mujeres trabajando?
A.M.:
El verano pasado ya estaba hasta la madre y me fui a la playa con mis hijos (pinches hombres, decía). En esas vacaciones pensé en Mujeres trabajando. Cuando propuse la idea todos me decían que no iba a resultar. Que a las 4 ó 5 semanas no tendría a quien invitar. Insistí y argumenté que costaba dos pesos, que me dieran la oportunidad de producirlo. Yo mandé a hacer la escenografía y la traje al estudio. Mi marido me hizo la música de entrada. Y te puedo decir que el programa rebasó mis expectativas. Yo nunca lo pensé con el ánimo de dar lecciones ni de predicar. Una vez Carlos Monsiváis me dijo: mira, niña, los comunicadores que se creen que vienen a enseñar que se vistan de sacerdotes y se vayan a predicar. Eso se me quedó muy grabado.
Con Mujeres trabajando todo se dio para que el programa fuera exitoso. Es un espacio muy importante para las mujeres. Cumple una función.


J.A.F.: El tema de las mujeres, luego del boom de los setenta, había quedado relegado.
A.M.:
Creo que estaba muy olvidado el tema, yo misma lo tenía olvidado, hasta que me di cuenta de que yo también estaba siendo discriminada. Por eso pensé que era relevante retomarlo con una nueva bandera, vanguardista y contemporánea y sin tantos estigmas.

J.A.F.: El problema no acusa, es de conversación. Eso me llama la atención, tú no entrevistas sino creas el ambiente para que se dé la conversación.
A.M.:
Hace casi dos años hice una fiesta en mi casa a la que invité gente de la política, mis amigos cercanos, algunos periodistas, gente de la farándula y amigas que son amas de casa. La fiesta fue maravillosa. Me gustó que todos platicaran con todos. Al final salieron felices, intercambiaron teléfonos, se despidieron muy contentos. Entonces me dije: esto que pasó en mi casa debo trasladarlo a la televisión porque es maravilloso. Y así empezó la idea de invitar a una política, a una mujer del espectáculo, a una ama de casa, otra deportista, otra más intelectual... El punto es reunir a gente diversa. Llevamos casi un año y medio y no lo he podido terminar porque todavía tiene vida.

J.A.F.: De cuando tú entraste a Televisa al día de hoy, ¿qué tanto sientes que ha cambiado esta empresa?
A.M.:
Creo que ha cambiado mucho. Desde la llegada de Emilio Azcárraga Jean hay mucha mayor apertura y pluralidad, cuestión que es importantísima. Se toma más tiempo para hacer las cosas pero las ejecuta. Televisa ha cambiado y yo también. Me ha permitido crecer.

J.A.F.: En tu programa dejas hablar, provocas la conversación, incluso hasta te haces a un lado por momentos.
A.M.:
Yo adoro la entrevista, es escudriñar en el alma del otro, desnudarte y desnudar al otro. Yo llegué a comprender que la mejor pregunta es la que quieres hacer. Los que nos dedicamos a estos por momentos pensamos que es necesario hacer una pregunta inteligente y la piensas tanto que a lo mejor no te sale. Yo he entendido que la mejor pregunta es lo que de verdad te interesa saber. A veces la mejor pregunta es: ¿y por qué? Es sencilla pero no simple.
Siempre he pensado que cuando las mujeres van a tomar un café, se preguntan y se contestan sin ningún orden, con cierta anarquía, pero es cuando se dan las conversaciones más sabrosas. Quizás hemos perdido el interés por esas conversaciones tipo tertulia y creo que hay que rescatarlas porque esas reuniones dan mucho.

J.A.F.: Tus invitadas, luego de 5 minutos, se arrancan a conversar y hay casos en los que no paran.
J.S.:
Cuando llegan al programa se notan serias y casi no hablan, porque casi nunca se conocen. Y cuando salimos del aire se despiden como grandes amigas, se intercambian teléfonos, se invitan a comer y continúan platicando. Si son cantantes nunca les pregunto cuál es su disco más reciente, y si son actrices tampoco hablamos de su última telenovela. El esquema se rompe. La política no viene al banquillo de los acusados. Son invitadas en su calidad de mujeres... y al final todo sale.

J.A.F.: ¿Te gusta la gente?
A.M.:
Me gusta la soledad, la disfruto, siempre he sido solitaria. Me gusta socializar, aunque no soy afecta a ir donde hay mucha gente. Pienso que la gente es lo más maravilloso que hay. Este programa me ha enseñado muchísimo, recibo una lección cada vez que lo hago. Las invitadas me revelan muchas cosas que yo no conocía.

J.A.F.: ¿Por qué dedicarte a juntar gente todos los días en televisión?
A.M.:
Nunca me he hecho esa pregunta. Te puedo decir que la gente necesitamos de la gente. Las relaciones se dan por la necesidad. Se da un acuerdo porque uno da algo y el otro da otra cosa. No sé por qué lo hago, pero me gusta que suceda.

J.A.F.: ¿Intentas invitar a gente que hace cosas para vivir en un mundo mejor?
A.M.:
Invitamos a mujeres que hacen cosas para vivir, no calificaría si mejor o no.

J.A.F.: Vivimos la época de la noticia espectáculo, en la que el amarillismo se privilegia en muchos espacios, y tú te has ido por el lado de mostrar a la gente por el lado de la emoción, los sentimientos y el pensamiento, todo combinado.
A.M.:
Pienso que es lo que prevalece. Félix Cortés Camarillo alguna vez me dijo que todos los colores son susceptibles de pasar por la televisión, incluso el amarillo, sólo hay que saber cómo hacerlo. Hay fórmulas. A mí no me interesa escandalizar ni preocupar, mi interés es por tocar a la gente, es la diferencia entre un lector de noticias y un comunicador. Cuando el comunicador comunica te toca, lo sientes. Tiene que pasarte algo cuando lo escuchas. Pienso que la noticia del día es la que va a tocarnos, la que nos modifica y nos cambia luego de escucharla.
Yo busco tocar a la gente, que quienes nos ven sientan y se identifiquen con lo que estamos haciendo. De pronto las mujeres sentimos que vamos solas en esta batalla, y la verdad es que todos juntos estamos en esto. No quiero ser pretensiosa y decir que voy a cambiar el mundo, no quiero que se entienda así, pero te puedo decir que yo no puedo seguir siendo la misma luego de esta conversación porque cada vez que platicas con alguien recibes mensajes y eso te da más información, y eso te hace cambiar.

J.A.F.: ¿Hay cosas que no se deben decir?
A.M.:
Mi única autocensura es no faltarle el respeto a la gente. Soy mal hablada en corto, pero así no debo hablarle a la gente.

J.A.F.: La sociedad corre a gran velocidad, ¿crees que la televisión está al nivel que exige la sociedad?
A.M.:
Yo nunca creo estar al nivel ni a la altura, soy muy obsesiva, me exijo demasiado y muy pocas veces quedo satisfecha con lo que hago, pero creo que la televisión sí está a la altura y que siempre se le exije demasiado. La televisión tiene varias funciones: entretener, educar, divertir, informar... Y hoy me parece que la gente tiene muchas opciones en una televisión que sigue evolucionando.

J.A.F.: Si en tus manos hubiera estado la decisión de transmitir la llegada de los zapatistas al Zócalo y el discurso del Sub Marcos, ¿que habrías hecho?
A.M.:
Transmitirlo, de hecho opiné que sí se hiciera, aunque no todo ni de manera ininterrumpida. Hay gente que se queja porque no lo transmitimos, pero aquí se abrió un espacio especial en Canal 2 a las 9 de la noche y en domingo.

J.A.F.: ¿Fue un problema de apertura?
A.M.:
Me parece que no fue un asunto de apertura. Se tomó la decisión de hacer un especial en la noche y no transmitir en vivo, eso fue todo. Yo aquí trabajo hace muchos años y vivimos tiempos de una gran apertura, ahora más que nunca. Es un momento histórico sin precedentes que se está sabiendo manejar.

J.A.F.: Tienes año y medio con un programa que ha tenido éxito. Hay arquitectos o pintores que cuando encuentran un estilo nunca se despegan de él. ¿Debes seguir con Mujeres trabajando o con el noticiario hasta el tiempo que dure? ¿Crees que un día hay que darlo por terminado? ¿Qué hacer cuando un espacio creado funciona?
A.M.:
Es respetable y legítimo pensar que cuando algo funciona hay que seguir haciéndolo hasta que deje de funcionar. Así de obvio. Pero yo soy una persona que busco cosas nuevas, que a lo mejor no funcionan o no llegan a tener el mismo éxito, pero creo que hay que explorar otras ideas. En la televisión todo es muy rápido y es necesario avanzar y presentar nuevas propuestas cada vez que puedas. Ahora quisiera viajar y conocer a la gente en su contexto.
Por lo pronto sé que el tema de las mujeres no lo voy a abandonar. Hoy todavía hay un Secretario del Trabajo que dice que las mujeres debemos regresar a ser sólo amas de casa.

J.A.F.: ¿Esa declaración de Carlos Abascal es un indicador?
A.M.:
Claro, como el que ayer un presidente municipal cercano a Cancún haya publicado un decreto en el que prohibe que las mujeres trabajen en restaurantes, bares y cantinas. Este tipo de cosas me siguen diciendo que se necesitan espacios como Mujeres trabajando, porque las mujeres trabajamos el doble y nos pagan la mitad, se siguen dando casos de mujeres que son acosadas sexualmente y no veo políticas públicas que apoyen a las mujeres que trabajan.

J.A.F.: El público ya te conoce, ¿qué te exige?
A.M.:
Primero que nada quieren que defienda a las mujeres, aunque hay casos indefendibles. Esto es importante decirlo: ser mujeres no nos hace ser mejores, si lo pensara así estaría cayendo en el mismo juego. Sé que la gente me agradece que defienda lo que creo, y de eso no me despego. Decepcionaría si lo hiciera. La gente se daría cuenta. Lo sentiría.



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